EL MOLINO Y EL ACUEDUCTO

El Peso del Agua
Proyecto realizado por Tomás Villalón + Pablo Schmidt + Ivan Bravo + Leo Quinteros.
















El agua pesa de una forma distinta.
Pesa cubriendo, pesa rozando, a veces solo tocando con algunas gotas.
Parece depender de la manera en que somos capaces de contenerla la que determina su fuerza, su presión, su color o su expresión. Es esa manera en que la contenemos la que define su condición doméstica, su acercamiento al cuerpo, la manera que podemos tener para abordarla.
Es quizás esta condición lo que lo hace tan fascinante. Desde una gota a un océano, desde una lluvia a una cuenca subterránea.
El hombre ha usado su ingeniería más primogénita para hacerla propia. Desde unir las palmas de las manos para hacer un bebedero, una vasija para su consumo, hasta un canal para cruzar desde un continente a otro.
Pero el agua no es solo eso, es también todo lo que ocurre en torno a ella. Su aroma, su color, su brillo, su textura, y en cómo es capaz con su tinta de imprimir un derrame distinto en los materiales, los suelos y en cómo construir las atmosferas de un lugar.
Proponemos importar todo este imaginario a una construcción imperfecta (1) que permita embalar el agua, suspenderla, conducirla, dejarla caer, para nuevamente hacer lo mismo; una y otra vez, como un pulso continuo, donde su semejanza sea impredecible, sus sonidos, sus colores y destellos sean siempre diferentes.
Una imprecisión cautelosa, que imprima un sello rural, de accidente, que permita el nacimiento de sonidos, destellos y gotas, que broten de descalces que den curso al nacimiento de la arquitectura entendida como un hecho ambiguo, borroso, abierto, donde esta imprecisión permita abrir posibilidades no descritas por la geometría, sino por el tiempo y la vida que se imprime en cada cosa.
Este nuevo cuerpo, lo comprendemos como un cuerpo vivo, con un latir que comienza desde un estanque de agua en altura, que continua por una serie de acueductos, que finalmente depositan el agua en pozas y acequias donde la quietud permite el contacto directo y calmo.
El lugar lo entendemos como una oportunidad para situar el agua como el punto de mayor valor en el programa del conjunto. La Quinta Normal o el Parque O´higgins, por ejemplo, emplean el agua como un elemento central en la activación y uso de los espacios públicos. Disponer de un cuerpo hídrico vivo en este lugar, detona un alto potencial de uso en los usuarios del parque, evitando la muerte temprana por medio de miles de visitantes que darán vida al nuevo espacio.
El agua activa un circuito que recorre las partes y los espacios definiendo instancias de intercambio con el agua. El agua se contiene en el estanque, pieza que define el tiempo y el pulso, el zarpe del conjunto. Define cuanto tiempo tarda en volver a inyectar energía al sistema, es la pieza que irriga, el reloj, el latido que comienza y termina (2).
El estanque entrega el agua a un conjunto de acueductos que definen tres sistema de recorridos. Las líneas corresponden a los filamentos de aproximación desde la fuente al destino. En ellos la imperfección de su construcción y los descalces permiten que el agua invada las comisuras y caiga como suaves gotas de lluvia bajo su paso. Su conducción emite sonidos, cambios de caudal, caídas que articulan la sonoridad en distintos y estratégicos puntos (3).
Uno de estos recorridos irriga el Molino, la pieza cinética del conjunto que expresa en su andar el movimiento del agua. La pieza suena, se moja, se retuerce con la imperfección propia de su construcción. El molino se mueve con el tiempo, dura lo que el estanque le define, lo que el caudal le permita. Su velocidad, y su lentitud serán los cambios que mantendrán el proyecto con vida (4). Como la rueda invertida de Marcel Duchamp, el molino incorpora tiempo, duración, alejando el cuerpo de la incómoda quietud (5).

El agua finaliza sus recorridos en pozas conectadas por acequias que permiten acumular el agua en puntos de acopio, donde se expone a los usuarios de manera calma y quieta. Es esta instancia la que propone activar usos espontáneos en torno al agua, donde su condición atmosférica permite entenderla como un potencial lugar de uso activo o contemplativo. El agua desde acá, se vuelve a conectar mecánicamente al sistema, recuperando el recurso, manteniendo el circuito activo e irrigado, y donde la matriz permite completar los descalces de llenado producto de pérdidas menores en el recorrido del agua.
El agua es la clave del proyecto. Su humedad, sonido, reflejo, calidez, tinta, color, textura y sentido. Las piezas y su construcción solo motivos para hacer que su material hilvane atmosferas y momentos donde el cuerpo testimonie las distintas relaciones de intimidad. El espesor y la humedad de los sueños de Kurozawa (6) en un solo instante.

Del mismo modo, se propone un manejo cauteloso del recurso, definiendo un sistema de recirculación, donde una cantidad pequeña del circuito ira destinada al regadío del parque, y el gran volumen será reinyectado mecánicamente al sistema, tomando como referencia los sistemas de acumulación de las plazas venecianas (7).

Proponemos embalar el agua, guardarla, suspenderla, conducirla, dejarla caer, que este acto tan simple sea el motivo de la construcción, sin adornos, sin programas asociados. Como el recorrido silente del agua en la fundación Querini Stampalia de Carlo Scarpa (8-9), la arquitectura se propone únicamente como una respuesta al uso de su fuerza, su gravedad, su capilaridad y su propiedad material. Una arquitectura dotada de ingeniería, de formas al servicio de la gravedad, las fuerzas, y su hermosa imperfección.

El resto que lo haga la vida, la gravedad, el material, la gente y el paso simple del tiempo.

Equipo:
TOMAS VILLALÓN 
IVAN BRAVO 
LEONARDO QUINTEROS 
PABLO SCHMIDT

Colaboradores: 
NICOLAS SCHMIDT 
RAFAEL MENA (INGENIERO CIVIL MECÁNICO) 
FRANCISCO MILLA (INGENIERO ESTRUCTURAL) 
MATIAS VALCARCE


MAKARENA CEBALLOS 
ANDREA FUENTES 
DANIEL GIACAMAN 
AGUIDO ROMERO