...SI PUDIERA DISEÑAR COMO UN ARBOL

Texto Tomás Villalón Aguirre.




























Más que plantear certezas, quisiera plantear preguntas

Resulta curioso.
Observando la naturaleza las cosas parecen tan lógicas.
Muchas veces intentamos explicarlas, pero precisamente el no hacerlo concluye por darles mas sentido.
Por ejemplo, un árbol se sostiene por medio de un tronco, el tronco se afirma al suelo con la raíz, la raíz lo afirma para que gane altura, la altura permite ganar luz y a su vez lo vuelve más elástico y frágil, la fragilidad lo ayuda a ser flexible y con ello permite liberar energía cuando el viento lo mueve. El viento dispersa sus semillas y logra conservar la continuidad de su especie, lo cual es su fin último.
El árbol aloja su simpleza en su propósito. No tiene frente (¿Cuál es el frente de la naturaleza?), no es autónomo (depende del medio para potenciar sus características), cada uno es un caso distinto (a pesar de su tipo, cada uno se diferencia por las condiciones que lo determinan)
Es esta condición primitiva de las cosas, la que nos permite comprender que los resultados siempre son ensayos lógicos y sencillos que se han consolidado mediante ajustes propios de la simple evolución. Son resultados que no aparentan, son consecuencias de la lógica de la escases. Hacer lo justo, hacer lo que se dispone, y para ello emplear su propia experiencia.
Esta elementalidad excluye la arbitrariedad de toda determinación.

¿De que manera un razonamiento arquitectónico podría abordar el diseño atendiendo la resolución del árbol frente al problema?
¿Qué orden nos permitiría comprender una forma de habitar más primitiva, más simple, menos invasiva y menos pretenciosa?

El árbol responde al problema utilizando argumentos que le son propios siendo esta condición lo que define su orden.
El orden arquitectónico se funda respondiendo al problema, siendo esto lo necesario para argumentar su forma.

Si pudiera diseñar como un árbol, comprendería la herencia de la simpleza y también la cercanía de la complejidad. Un árbol por si solo lo puede dibujarlo un niño con un gesto. Miles de árboles juntos tienen una complejidad infinita que le da la riqueza de la variación y la irregularidad. Simpleza y complejidad; interior y exterior; ciudad y casa; dentro y fuera; cielo y tierra; masa y vacio: la arquitectura situada en los opuestos permite definirla siempre como un medio, como un cuerpo que resuelve el asunto tan primitivo de darnos cobijo.
Por ejemplo, una superficie expuesta al calor definirá un espacio con características incompatibles al cuerpo, una superficie protegida por la sombra definirá una situación intermedia entre el cuerpo y el calor. El árbol se constituye como la prolongación del cuerpo, y permite utilizar un espacio que quizás no tendríamos oportunidad de disfrutar. La sombra, completa el espacio natural y lo hace habitable, actúa como un intermediario resuelto donde las hojas, los tallos, el tronco, la altura y su posición se combinan armónicamente para resolver el problema planteado por el suelo y la radiación.
De la misma manera, el interior de un espacio habitado por el hombre, no es otra cosa que una porción de espacio natural que se ha hecho habitado mediante la prolongación del cuerpo, aquella que logra situarse en la posición intermedia para resolver el problema planteado.

Un árbol parece encontrar un orden a través de un ajuste natural entre medio y objeto.
Quiero entender que la arquitectura plantea un orden justamente entre ambas.

Empleando la matemática, puedo sostener:
El árbol es a una obra de arquitectura, lo que la sombra es a la resolución del problema.