BLOG

“El proyecto elemental es el proyecto mas simple posible, afirma la existencia de un hecho concluso; su signo característico es que ningún otro proyecto elemental puede estar en contradicción con él; es el diseño mas simple que significa arquitectura de la misma manera como “en relación de dos puntos separados por la misma distancia” es la designación mas simple que significa geometría.”

BORCHERS, JUAN. “Institución Arquitectónica”. Editorial Andrés Bello, Santiago.1968. Pág. 52.

13 MARCOS

Quincho
Proyecto realizado por Tomás Villalón + Leonardo Quinteros + Nicolas Norero + Javier Gonzalez






PESO PROPIO

Bienal
Colaboradores: Leonrdo Quinteros - Maite Raschilla - Carmen Valdes / Dibujos: Sebastian Valois






















































En unas horas, una calle completa en el barrio Franklin se transforma.
De un espacio doméstico, de veredas ajustadas, de calzadas armadas por las sombras llenas de las fachadas continuas, de solitarios árboles y luminarias silentes; da paso a algo totalmente nuevo y distinto. Este espacio tan presente en la zona centro sur de Santiago, simplemente se transforma. Por medio de invenciones muy precisas, el suelo del pavimento aloja vitrinas de telas con colecciones de objetos, las veredas estacionan carros con ropa, con comida al paso; los edificios cerrados se abren y aparecen calles hacia el interior, se desprenden y despliegan cortinas, se descuelgan los cientos de miles de objetos coleccionables que podrían resumir la historia de Santiago de un solo vistazo. La gente va de un punto a otro, cruza y rompe filas en las veredas. El ordenado damero de calles y esquinas, da paso a un campo irregular de trazados oblicuos. La gente en este nuevo escenario es otra, se multiplica en cruces, diálogos y transacciones. Este magnífico nuevo barrio ha aparecido de pronto. Cuando la tarde avanza, este hermoso y mágico despliegue comienza a retirarse, y poco a poco desaparece. El barrio cambia otra vez, y la sombra llena se queda nuevamente sola. 
Este ir y venir, es lo que mejor define el escenario de la XIX Bienal de Arquitectura y Urbanismo 2019. Un lugar donde las cosas flotan, parecieran ser volátiles, están allí para luego estar acá. Esta magnífica incoherencia, nos obliga a pensar en cómo desplegar el contenido de la curatoria en este lugar.
Desplegar y colonizar, tal como lo hace el barrio.
Dividir y fragmentar, para hacer esto más simple.
Agrupar y relacionar, en los espacios donde el barrio suele hacerlo.
Más que un montaje, proponemos una manera de usar el barrio, una estrategia para evidenciar este bellísimo orden subyacente. Una manera de hacer propio la idea de “lo común y lo corriente” como un valor que está siempre en las cosas, en los espacios, en los usos.
El montaje para la Bienal, Feria libre de Arquitectura, “Lo común y lo corriente”, pretende entender esta condición ferial como una manera de usar el barrio. Un espacio dinámico, móvil, versátil, flexible y transformable.
Una colección de carros de distinto tamaño y contenido serán desplegados en el barrio, haciendo de esta operación el montaje de la bienal. En él, lo común aflora, entendiendo los espacios como lugares comunitarios, como espacios de diálogos, que dentro del marco del barrio se transforma también en la idea de lo vecinal, incluso doméstico, lugares donde se generan acuerdos, conocimiento, vida. La idea de lo corriente complementa lo anterior entendiendo que estas dinámicas existen, y que la arquitectura únicamente busca entenderlas. Son eventos regulares y densos en contenido, pero que justamente la vida del lugar ya contiene. La manera de usar, de colonizar es una operación corriente en el lugar, que el proyecto solo busca visibilizar de otra forma.
Los carros no son otra cosa más que la Bienal misma fragmentada en trozos de menor tamaño. Al ser ligeros, se despliegan en el territorio llevando la bienal a la ciudad, y la ciudad a la bienal. Esquinas, calles, pasajes y patios interiores, ahora son justamente parte del mismo montaje.
Empleando ruedas, ejes, telas, y pequeños volúmenes de madera acerrada, los carros de la bienal serán coreografías dispersas en todo el barrio, una suerte de musculo que se estira y contrae para agrupar, dispersar y activar nuevos usos en el espacio público.
Pequeños cines, bibliotecas, foros, mesas de dibujo, o simplemente carros de energía, torres de señalización, o ruedas con información. Todas ellas piezas con una historia, una suerte de guion en el barrio, que permite colonizar de manera estructurada, activando alianzas entre carros, articulando pequeñas agrupaciones que permiten generar actividades combinadas con la gente y el espacio que los recibe.
De la misma manera, la muestra de la bienal irá dispuesta en carros que buscan desplegar el contenido entendiendo esto como una opción de intercambio siempre distinta. En algunos tendremos que entrar a un espacio traslucido, en otros solo ingresar en pequeños gabinetes, en algunos abrir puertas como grandes roperos para entrar en pequeños cuartos, en otros mirar desde arriba de una mesa, o bien, desde lugares donde solo se cubre desde los hombros hacia arriba. Cada uno una experiencia distinta.
Todo este universo compone el montaje.
Una familia de piezas, un montaje de fragmentos dispersos en la ciudad.

TRIANGULO INDEFORMABLE

Torre Mirador
Proyecto realizado por Tomás Villalón, Leonardo Quinteros
































En este caso, utilizamos su geometría para organizar una torre mirador de 17 metros de altura.
Los apoyos se ubican en sus puntos medios, para liberar los vértices y dominar las vistas sobre el paisaje. En el centro se ubica la escalera como un continuo que permite hilvanar un recorrido interior con uno exterior panorámico.
Las piezas son elementos modulares, pre armados en maestranza para ser trasladado y montado in situ de manera rápida y seca. 

COLEGIO MONTESSORI

Louis Kahn comentó hace algunos años a Vincent Scully que la belleza de las catedrales estaba en que en ellas se podía leer cómo los pesos descargaban las fuerzas sobre cada elemento. Un simple examen podía mostrar que las cargas bajaban de la cumbre a la base siguiendo una ruta diseñada por la propia arquitectura, quien se hacía responsable que la estructura comunicara su rol como soporte y expresión: “La gravedad no descansa”.
Este proyecto, persigue esta máxima.
Un conjunto de vigas dispuestas unas sobre otras, unas en compresión apiladas y otras flexionadas viajando de apoyo a apoyo.
Para esto el suelo inclinado elabora un zócalo, un sistema de niveles de hormigón armado que alojan estas piezas regulando sus niveles en la medida que se escalonan unas sobre las otras.
Las piezas se articulas utilizando el remanente de terreno disponible para alojar nuevas salas de clase de un colegio Montessori. Su disposición permite generar nuevos espacios tanto interiores como exteriores, valorando los lugares indefinidos y espontáneos entre las vigas y el suelo.
Estas vigas, a su vez son mobiliarios con espesor que alojan el mundo de cada aula, entendiendo que en ellas se desarrolla el conocimiento como áreas de juegos, zonas de ensayos, donde las cosas se montan y desmontan para alojar las actividades académicas.
Un edificio pensado casi como un juego mismo, donde la gravedad y su apilamiento definen las reglas, restricciones y expresión del proyecto.

“La gravedad no descansa”.

 






PABELLON CHILE EXPO DUBAI 202

Estructura y 3 mm. de madera nativa. 

















































PABELLÓN DE CHILE EXPO DUBAI 2020.

Construir un pabellón implica exportar.
Es llevar un trozo de un país a otro lugar. Es un zarpe, una salida que obliga a embalar algo para instalarlo en otro lado.
Es este embalaje lo singular, y a su vez lo más interesante. Obliga a ser preciso, y a su vez persuasivo. Como no puedo llevar todo, debo seleccionar y embalar. Seleccionar con el Ánimo de ser agudo, y no caer en el absurdo.
Ya lo menciona nuestra poesía. Es un trozo de suelo, un tanto perdido en la punta de un continente. Pero al ser un territorio tan particular nos caracteriza la condición de borde, de interioridad. Quizás es el precio que debemos pagar por estar tras la montaña y apoyados en el canto del mar. Esa condición de canto, de borde, sitúa nuestra localización en una cierta insularidad.
La interioridad es resultado de nuestra localización. Pero es una interioridad particular.
Por ello, el pabellón debe ser un intento por importar esta interioridad. Por llevar su borde, y sobre todo llevar su luz.
Es la luz del interior un aspecto único. Llevar la luz de un espacio armado por límites precisos, límites que no tienen aristas, que no tienen frentes, y que son filtros de una luz tamizada, al igual que la de los bosques, al igual que la luz espesa de la Patagonia, o la luz naranja de los desiertos.
El proyecto es un embalaje de la luz y la interioridad, pero un embalaje con aspecto de teatro. Un lugar que no tiene rasgos de edificio. Intenta construir un vacío, continuo, interior, disperso, elíptico.
Este interior no es más que un vacío. Este interior es sobre todo un vacío.
Dentro de él no disponemos programa, muros, o elementos que disminuyan la fuerza del vacío y de la luz.